Ángel Alfaro
Profesor del Área Internacional de IPES, especialista en África
A un paso de iniciar las Jornadas AL SUR DEL SAHARA: ÁFRICA IMPRESCINDIBLE, organizadas por varias ONGD con sede en Navarra por séptima edición consecutiva, cabe reflexionar sobre una de las claves que marcan la actualidad política del continente africano. Mencionar un nuevo aspecto más de la realidad de África puede contribuir a que nuestro conocimiento sea más amplio y preciso. Lo completaremos y pondremos en común durante la semana de ÁFRICA IMPRESCINDIBLE, del 18 al 26 de octubre.
Límites de una política ajena a la población
En los dos últimos años se han celebrado en África subsahariana elecciones en Camerún, Malí, Senegal, Burkina Faso, Congo, Benin, Togo, Liberia, RD del Congo, Gambia, Sierra Leona, Kenia, Nigeria y Zambia. El conjunto nos ofrece un extenso e interesante paisaje de datos, que imponen una reflexión detenida.
Los resultados de esos comicios no ofrecen tan buenas noticias como pudiera parecer a primera vista. En general, la abstención ha sido alta, espectacular en algunos casos: en Douala, capital de Camerún, llegó al 70% en las legislativas y municipales del 22 de julio pasado. El mismo día, en Bamako, capital de Malí, una ciudad muy politizada, en las legislativas sólo votaba un 10% y en el interior del país un 30% del electorado. Senegal tuvo en junio la menor participación de su historia política en unas legislativas, un 34,75%. En Mozambique, Armando Guebuza, sucesor del presidente Chisano, fue elegido con una participación del 36,4%.
¿Por qué se produce este rechazo a las urnas, un medio adecuado para dilucidar enfrentamientos y construir proyectos colectivos de país? Las elecciones en Africa subsahariana no son ya una bufonada totalmente manipulada por el poder. Globalmente han ganado transparencia y cada vez están mejor controladas y son más creíbles. Ya no se pueden producir aquellas participaciones masivas con un asentimiento del 95% para el presidente "eterno" del partido único. El poder y la oposición lo saben y buscan acercarse a una imagen más o menos real de buen gobierno y legalidad democrática, que abre la puerta al reconocimiento y la ayuda intencional.
La abstención es una señal de alarma, un síntoma de una crisis de confianza profunda que puede estar cargada de graves consecuencias en el futuro, con posibles desviaciones populistas antidemocráticas. Es doblemente preocupante cuando se añade el hecho de que cuanto más urbano y politizado es el electorado, menos acude a las urnas.
Las razones que llevan a esta posición de rechazo son de diverso tipo. La primera, fundamental, sería el sentimiento de impotencia e incapacidad de cambiar las reglas del juego, compartido por muchos electores, especialmente los jóvenes. Los antiguos partidos únicos se han modernizado, se han reciclado aceptando una competición de sufragio universal. Han seleccionado a nuevas elites. Pero los electores perciben que la situación no cambia, que las promesas no se cumplen, que la corrupción sigue, que en contadas ocasiones se produce una alternancia real en el poder.
También la oposición tiene gran parte de responsabilidad. Prácticamente ningún partido ofrece un programa y sobre todo un proyecto de sociedad alternativa al estatus imperante. Y además los oponentes fallan muchas veces en su labor pedagógica. Durante la legislatura descuidan el trabajo constante de base y de estudio del país y lo apuestan todo al ritual electoral. Quince años después de la iniciación democrática se ha producido un cambio brutal de esperanzas por desilusión. Senegal conoció este mismo año un claro ejemplo. En febrero, los electores renovaron a Wade como presidente, con un 56% de los votos en la primera vuelta. Al día siguiente de las elecciones los precios de los productos de primera necesidad subieron escandalosamente. Los senegaleses se sintieron traicionados por un mandatario que no cumplía lo prometido. Como protesta y castigo contra el gobierno se abstuvieron masivamente en las legislativas de junio.
Avances, a pesar de todo
Una salvedad importante nos matiza y completa la visión del conjunto: la participación ha sido mayor en circunstancias especialmente decisivas para un país. Así ha sucedido en las elecciones presidenciales de Liberia, que cerraron la época Taylor. En la primera participaron un 75% y en la segunda un 59,3%. Resultó elegida presidenta Ellen Johnson-Sirleaf. En Sierra Leona, en mayo de 2002, acudieron el 77,98% para reelegir a Tejan Kabbah. En la RD del Congo las elecciones presidenciales tuvieron una gran participación, un 75%, dadas las circunstancias y las condiciones del país, y recibieron la aprobación de los observadores internacionales. Esta coincidencia apunta a que el electorado sabe distinguir la importancia de su voto en situaciones clave para el país.
Pero por evidente inquietante que sea la fuerte abstención -que puede verse como una huida, incluso como una disidencia en relación con las instituciones- la abstención se puede valorar también en positivo: nos hace pensar en una individualización progresiva del elector africano, de su comportamiento y de su capacidad de elección. El abstencionista de Douala o de Bamako está mucho más cerca de lo que podíamos pensar del ideal democrático moderno, muestra una disconformidad con una situación que no acepta. Esto es especialmente claro en los jóvenes de Camerún, de Malí, con títulos superiores, que no se reconocen en la clase política, que se ven abocados a la emigración ya que en sus treinta años nunca han tenido un trabajo remunerado.
La comparación con el ANC y las sucesivas elecciones de Sudáfrica, es esclarecedora. Desde 1994 se mantiene el alto grado de participación: 89,3% en el 99; 76,7% en 2004. Es creciente la aprobación a la política de Mandela o de Mbeki y la unidad de voto ANC: 62,65% de los votos en el 94; 66,36% en el 99, 69,68% en 2004. Y esto a pesar de una fuerte corriente crítica, los sindicatos y el PC sudafricano -miembros del ANC- que, descontentos con la labor social del gobierno, le acusan de favorecer más la creación de una elite negra rica que de elevar el nivel de la mayoría pobre. Los nacionalistas sudafricanos han situado siempre la mística del "one man, one vote" en el corazón de su combate. Han acostumbrado a sus militantes y a su pueblo a la importancia decisiva del acto electoral. Las Iglesias, las ONG, las asociaciones cívicas, todo el mundo ha participado en la creación de la conciencia de que "votar es crear futuro".
En definitiva, luces y sombras de esa África subsahariana, cuyas gentes aspiran a participar en una democracia auténtica, a potenciar un espíritu de control sobre los poderes públicos -desde los más inmediatos del poblado, la ciudad, la región hasta los Estados- y a desarrollar un tejido social, ya pujante.
Imágenes diferentes de África
Algunos de los desafíos que se deben acometer para que África gane terreno en el mundo son reconstruir la vida diaria tras las guerras, promoviendo escenarios de pacificación justa desde el interior del ser humano hacia toda la sociedad; la distribución equitativa de los recursos; la oposición a tradiciones que quiebran los derechos de las mujeres y una cooperación entre iguales en materia de salud, economía, derechos humanos y educación, por citar sólo unos pocos ámbitos de actuación. Escucharemos hablar de todo ello en las Charlas abiertas de esta semana de África.
Esta actualidad procede de una historia llena de promesas y alegrías en el momento de las independencias; esperanzas rotas después por la pobreza, el abandono, las cárceles, la desilusión ante una modernización necesaria, pero que quizá ha ido perdiendo unos cuantos valores. Son imágenes de la Exposición Bamako Otro Mundo, que podremos contemplar hasta mediados de noviembre en la Ciudadela; no obstante, son realidades de las que los fotógrafos africanos participantes en la Muestra han sabido extraer la dignidad, la fuerza y la energía de las poblaciones.
Pasado y presente se dan la mano en el arte fotográfico, pero todavía suman más arte en otro de los formatos en los que mejor se saben expresar los creadores de África: el cine. La resistencia de las mujeres al colonialismo, en una película que se ha convertido en la imagen activista de un luchador convertido en todo un clásico de la cinematografía mundial, Ousmane Sembène, a modo de homenaje en el año de su muerte. Y hablamos de futuro, desde luego, como el que nos ofrece uno de los directores con mejor trayectoria, el camerunés Bekolo, que ha sabido incorporar géneros como el terror, el misterio y hasta el humor, mediante una narración visual impactante, que nos devuelve al comienzo de nuestro artículo: la ambición de poder y algunas de sus dramáticas consecuencias.
También en esta semana, palabras y pinturas cálidas, sugerentes y compañeras de la vitalidad de África, con autores nuestros, que escriben y representan su solidaridad como elementos que nos sensibilizarán aún más si cabe. Al término del camino, un estallido de sonidos y ritmos, de color apasionado, danza y fuego, con el concierto final de un destacado y vibrante conjunto senegalés. Una celebración para empezar a preparar próximas ediciones de AFRICA IMPRESCINDIBLE.
El objetivo central de nuestro colectivo AFRICA IMPRESCINDIBLE habrá quedado cubierto con creces si con estas jornadas logramos transmitir las palabras del músico Youssou N´Dour, que mencionamos en el programa, "Hay otra cara de África", a vosotras y vosotros, público amigo, público fiel, y a mucha más gente que desea acercarse a África, acaso primero por curiosidad, luego seguro que por fraternidad. Os esperamos.